jueves, 26 de abril de 2018

EL EUCALIPTO-Cap.2

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Por un instante su llanto empezó a ceder al sentimiento de pasión de quedarse con algo del otro, él fue soltando los pasadores que sujetaban el vestido, las crinolinas los rodeaba como nubes, se habría paso entre los volantes y el miriñaque como si entrara en un selva, el vestido era azul de tafetán y emitía sonidos en cada movimiento  haciendo excitar a los dos  por fin cedió, sus besos caían como lágrimas, ella se sujetaba de él y él sujetaba sus cabellos, besándola tan fuerte que quedaría impreso en ella, el éxtasis los hizo olvidar por un instante de todo lo que estaba sucediendo, solo pensaban entregarse uno al otro, sentir la piel y llevarse su olor, por un instante se quedaron tendidos, desnudos bajo el sol, con una nueva versión de Adán y Eva, él acariciaba su cuerpo y lo besaba, había llegado la hora de partir y como si fuera un ritual la fue ayudando a vestir, al final besó sus manos y las acarició con su cara.
_ Recuerda tienes que esperarme, yo haré lo imposible para regresar y llevarte conmigo, promételo_
_  Lo haré, pero promete que no te demorarás porque moriré si no vuelves_      
_ Lo juro! _
Los perros ladraron. Eso los exaltó.
_ podrás llegar a casa?_
_ sí, dejé las marcas de la planta, la que me enseñaste_
_ bien_
Las lágrimas corrían como mar bañando su rostro mientras ella se alejaba y no tenía más solución que la que había decidido,  la silueta de ella se iba alejando, el vestido azul le daba como un aura de diosa, las cintas rizadas bailaban alrededor de ella como un tiovivo, su espalda suavemente se iba alejando de él y vio por última vez  que se volteaba y alzaba la mano despidiéndose, ella también iba llorando, porqué la vida había sido tan injusta y su padre también, se fue alejando hasta perderse en la oscuridad, él corrió tan deprisa como pudo con el temor de que alguien podría encontrarlo.
Él había pensado que iba a demorar mucho tiempo para regresar pero un golpe de suerte lo hizo volver y reclamar por lo que consideraba era suyo, cuando él regresó al pueblo, nadie lo reconoció por que ya poseía el porte de caballero, sólo un amigo, uno que trabajaba con él en el mercado lo recordó, él le contó que habían descubierto  quién había matado al tesorero, por fin se sentiría libre, por fin las cosas regresaban a su cauce, nadie sabía del romance que había tenido con  Altagracia, ahora  él era un hombre próspero, se había pasado el último tiempo trabajando para tener la posibilidad de buscarla y llevársela lejos, muy lejos y vivir su amor, el corazón no entendía de razones la felicidad lo invadió tanto que sentía que flotaba mientras se dirigía a la casona, mientras se iba acercando el lugar se tornaba más lúgubre, las plantas y flores estaban secas, desaparecidas, la tristeza de mi lejanía tal vez  hizo que se deprimiera y no volvió a cuidar las plantas que tanto amaba, se decía a sí mismo.
Hizo sonar la campanilla y abrió la sirvienta aquella que siempre acompañaba a Altagracia, los ojos de la mujer se llenaron de espanto y solo pudo romper el llanto, el ruido de sus sollozos hizo que el padre se acercara preguntando qué pasaba, al igual que la sirvienta el padre también expresó el asombro en sus ojos, él no entendía.
_ Dónde está Altagracia, Altagracia, Altagracia!!!! Gritó y su grito se escuchó en todo el pueblo.
_ nosotros pensamos que Altagracia se había fugado contigo y dijimos a todos que se había ido a estudiar  a la ciudad.
_ No, ella nunca vino conmigo se quedó esperando mi regreso_
Quedó por un instante en silencio y su cara se fue transformando con un "ritus" de dolor.
_ no, no, yo sé dónde está, yo lo sé_                                                                  
Corrió por el camino como un demente, detrás de él corría el padre, la sirvienta y el encargado de la caballeriza, llegaron al borde del bosque y no intentaron entrar pues tenían miedo de hacerlo, en cambio él sí lo hizo, fue siguiendo las manchas rojas dejada por el árbol del eucalipto, los demás a lo lejos escuchaban sus gritos llamándola, al cabo de un rato se escuchó un grito profundo que espantó a las aves quienes gritaron a viva voz mientras volaban, la sirvienta cayó de rodillas bañada en llanto.
Ella estaba tendida ahí entre las ramas de un árbol de eucalipto, su fuerte esencia hacía que se distorsione el olor que emanaba el cuerpo y el frío del invierno había retardado su inevitable putrefacción, ella estaba como dormida, oscura, en su rostro se dibujaba un hilo de sangre que se iniciaba desde la frente hasta un lado de la cara,  el cabello había crecido, en su mano aún tenía la rama seca de la planta,  se había perdido, se había golpeado y tal vez sus gritos nunca se escucharon.
La tomo entre sus brazos y salió con ella, el padre al ver tal escena cayó también de rodillas.
_ fue mi culpa, fue mi culpa, yo tratando de culparte, solo traje tragedia a mi hogar_
_ usted lo ha dicho, toda la culpa es suya, ella no tendría que es estar aquí, ella tendría que estar conmigo, feliz_  los gritos de dolor se oían.
El partió para siempre pero en ese bosque siempre se escucha a una mujer llamando a Casiano, los que pasaron por ahí hacía un año pensaron que eran espíritus que habitaban en el bosque o el viento.
Ella ya es un espíritu.
No existe más tragedia que el prejueicio o el miedo, el miedo a lo desconocido, el temor a que los convencionalismos no se cumplan, al qué dirán, no hay peor tragedia que creer que somos dueños de alguien y que por ello se debe hacer lo que uno dice, no hay peor tragedia que manipular el destino sin darte cuenta que lo estás trabajando para conseguir tu propia tragedia, no hay peor tragedia que luchar contra el Amor.

Fin.

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